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domingo, 18 de octubre de 2026

César

 César está los domingos detrás de la gran puerta de madera de la entrada de mi edificio, sentado en un sillón art déco verde con un matiz muy tenue de amarillo limón, al que el paso de los años le ha dado mucho encanto. Permanece allí de 8 a 20 horas, casi todo el tiempo con el celular en la mano —hasta hace unos años, con un libro o un diario—. Lo acompaña una fuente con la figura de un niño que podría ser un ángel, situada en una plazoleta del otro lado de la puerta. Luego está la calle que baja. En el interior, los mármoles de distintos tonos claros que revisten el piso e incluso las paredes ven pasar a muy poca gente: los once propietarios o algún invitado.

Si bajo, con un mínimo entusiasmo, abre la puerta después de opinar sobre el estado del tiempo. Luego veo que vuelve a su lugar frente a la ventana que da a la calle y se sienta en el sillón verde que tiene algo de amarillo limón y sobre el cual hay un mural puntillista que representa a un hombre solitario en un puerto.

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