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miércoles, 28 de octubre de 2026

Una tarde en el taller

 Solo para contar que hoy fui al taller. Eran las seis y un poco más, calculo. Había trabajado lo suficiente en la oficina. Asuntos de siempre. Juicios. Pero cuando llegué al taller me puse a pintar. Agarré los cuadros que vengo repasando, volviendo a ellos de un modo terco, obsesivo incluso, pero con placer, con  entusiasmo. Puedo decir entonces que me puse a seguir en busca de un estilo, de ciertos trazos que fluyan y al mismo tiempo liberen lo que quiero decir —que, ya lo he dicho, no sé bien qué es—. Pero la pintura, incluso si la juzgo por debajo de lo que logro en escultura, se movía en el lienzo. Verdes. Muchos. Y también rosas, e incluso los azules. Todos ellos, junto con el violeta, ahora que recuerdo, iban y venían por la tela, como dije: se esmeraban por complacerme. Querían ver si al final me daba por satisfecho con cierta imagen. Cosa que no ocurrió.

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