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martes, 27 de octubre de 2026

La piedra.

 Apenas le pude dar tiempo a la piedra. Golpear de a poco, con la bucharda en la superficie roja que tiene. Golpear para de a poco, muy de a poco, avanzar. Casi nada, diría. Al punto que mis quehaceres, mis avances en el trabajo, a través de lo que se llama gestión de un "negocio", me resultan supersónicos a comparación del trabajo en la piedra.

Al principio, cuando empiezo a golpearla, una vez que termino con mis asuntos laborales, me parece sumamente absurdo. Casi, como decía, no hay avances. Apenas son golpes que la piedra soporta impertérrita. Pero luego, esa dureza, su resistencia, genera un vínculo y ese vínculo me atrapa y con el tiempo el placer de modificarla, crece con cada golpe. 

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