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jueves, 24 de marzo de 2022

Te levantaste ansioso por las pesadillas

   Te levantaste ansioso por las pesadillas. No paraba de llover y meditar te resultó imposible. Un relámpago cruzó tus ojos cerrados. De manera que pediste una señal. Algo que demostrase que tus esfuerzos valían la pena, pero ese mensaje no llegó; solo siguió lloviendo, así que lo agradeciste.

Más tarde, cuando dejó de llover, saliste al jardín. El viento había cambiado el cielo y dos estrellas, más allá de los robles, se veían pegadas. 

Después, miraste el suelo y viste montones de hormigas debajo de tus pies.

Recordaste entonces, no sabrías decir por qué, cuando de joven, en una estación de servicio abandonada, para aplacar tu mente, escuchabas el ruido de la ruta mirando unos plumerillos inmóviles. Pero las imágenes de una batalla medieval entre ejércitos japoneses continuaban. Las banderas de los ejércitos pasaban reclamándote como señores feudales que piden por sus vasallos. Tonos rojos, bordó, magenta, y después turquesas, y más tarde verdes y azules.

Y vos esperabas también a los grises, a los blanquecinos y a los amarillos que llegan con los pájaros. 

            Porque tu mayor miedo te obligaba a buscar la mayor muralla.  

miércoles, 23 de marzo de 2022

Feliz con los pies en el agua

  

   Ese amanecer lluvioso, hace tiempo, estuviste como cierto dios, feliz, con los pies en el agua. Cerrabas los ojos y del cielo caía agua y más agua, y los pájaros entusiasmados, unos y otros, saltaban sobre el pasto. 

Al llegar la noche, un viento había corrido las nubes. Viste entonces las estrellas entre los árboles. La perra se detuvo y miró también para arriba. O eso te pareció por un instante.

Después, en la galería de la casa, le explicaste que naciste con el píloro tapado y casi no podías comer. Hasta que un médico, de nombre Gianantonio, decidió operarte y te salvó la vida. 

Ella te contó de sus orígenes inciertos, y vos, casi al final, le contaste que hace años, cuando mirabas las estrellas, apareció la Virgen y al día siguiente salvaste a tu hermanito de morir ahogado. 

 

domingo, 20 de marzo de 2022

El aire templado en la noche quieta

  


El aire templado, en la noche quieta, ampliaba el canto de los grillos; los plumerillos casi no se movían. El camino de tantos días iba hacia un palacio medieval en la montaña. Te gustaría ir de nuevo por ese camino, adentrarte en el monte de eucaliptus, ver las pasturas bajo los árboles.

O recorrer el campo hasta el mar y echarte en la arena a escuchar a las gaviotas llamándose antes de la rompiente. 

Y sobre todo, quisieras, una vez más, ver ese árbol que resplandecía mientras unos sapitos en sus alrededores buscaban un haz de luz que los reflejase. Y dentro de poco, incluso hoy, podrías tener esa suerte, porque ya se ocultó el sol y los pájaros pasan por el jardín, eligen una rama, trinan, siguen; aprovechan los últimos instantes.

sábado, 19 de marzo de 2022

Un viento había corrido las nubes

  

Ese amanecer lluvioso, hace tiempo, estuviste como cierto dios, feliz, con los pies en el agua. Cerrabas los ojos y del cielo caía agua y más agua, y los pájaros entusiasmados, unos y otros, saltaban sobre el pasto. 

Al llegar la noche, un viento había corrido las nubes. Viste entonces las estrellas entre los árboles. La perra se detuvo y miró también para arriba. O eso te pareció por un instante.

Después, en la galería de la casa, le explicaste que naciste con el píloro tapado y casi no podías comer. Hasta que un médico, de nombre Gianantonio, decidió operarte y te salvó la vida. 

Ella te contó de sus orígenes inciertos, y vos, casi al final, le contaste que hace años, cuando mirabas las estrellas, apareció la Virgen y al día siguiente salvaste a tu hermanito de morir ahogado. 

 

viernes, 18 de marzo de 2022

Un pájaro ratonero tal vez


Una moderación sería útil, pero nada nos obliga a tanto a la hora de construir un reino. 

En ese tiempo, soñabas con estar cerca de los pájaros. Un deseo simple que no alcanzabas, aunque a veces, en forma tenue y esporádica, vislumbrabas algo entre las plantas, un pájaro ratonero tal vez.

 

jueves, 17 de marzo de 2022

Un parral de uvas rebosante

  

Mientras ibas en bici hasta un parral rebosante de uvas grandes y moradas, algunas calandrias bajaban al camino y salían volando antes de que llegaras cerca.

Después, al llegar a la casa donde pasaste con tu abuelo varios veranos, con el sol en la cara, te preguntaste cómo ablandar lo que es duro.

Una garza caminaba sobre plantas flotantes ajena al final del día. La luna convertía el agua en azulada. Entonces, despacio, por detrás de unos ceibos, fuiste hacia el agua, pero la garza ya no estaba. 

Para encontrarla, prendiste la luz de tu linterna y se iluminó el movimiento del sauce. Y solo seguiste el ir y venir de las hojas sobre el agua.

 

miércoles, 16 de marzo de 2022

Tu salvación

 En el sueño, escribías en la nieve con la ayuda de un palo en un idioma desconocido, pero los trazos te eran familiares; dibujos que pedían otros paisajes.

Al despertar, llovía, los demás ruidos se aplacaban. Lo vivido adquiría un sentido. Ya no importaban las inquietantes manchas de petróleo en la arena blanca. Llovía y sentías las gotas, millones, pequeñas, suaves, en el techo. 

Una a una, te invitaban a permanecer concentrado hasta escuchar a lo lejos un zorzal. 

Así, tal vez podrías olvidar que de los infortunios hiciste un compendio de temores que te ataron a un palenque, y que desde entonces tu salvación sería salir de ahí.

 

Sobre el escenario

Desde la terraza donde empezabas a trabajar la piedra con una gradina y una maza, miraste las nubes; iban de derecha a izquierda. Unas plant...