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lunes, 31 de marzo de 2025

Aleluya

 

Estuve por varios barrios ayer. En realidad, debo explicarme mejor: primero fui a nadar a mi club cerca del río y disfruté bajo un sol todavía fuerte no obstante estamos en el comienzo del otoño. Pero el tiempo continúa caluroso, incluso pesado. El río, por su parte, estaba bajo y en ese barro una cigüeña se mantenía estática, parada, contemplando el horizonte. Era en sí una escultura, estilizada, perfecta, armoniosa y absolutamente moderna en su estética. Casi nada se movía. La brisa era mínima, pero tuve que seguir viaje pronto para verme con una clienta en un barrio alejado. Para eso tuve que internarme en la autopista y en su tránsito. Ojalá algún día sea capaz de abstraerme de las mareas de autos y en especial de la gente. Pero soy consciente que sería también abstraerme de mi capacidad para disfrutar del río y en especial de esa cigüeña maravillosa. 

Luego de terminar mi gestión con la clienta, compré fruta y verdura en una esquina donde la mujer que atendió tenía un modo cariñoso y a la vez un tanto atrevido para hablar. Después, me fui a reunir con un amigo en otro punto de la cuidad. Creo que al fin y al cabo me gustan los barrios por sobre el centro de la ciudad. La esquina arbolada, con casas antiguas, bares plácidos. Todo me gustó, pasé un buen tiempo. Aleluya.

domingo, 30 de marzo de 2025

Sábado

 

Día cálido de sol y un viento tenue. Me levanté y después de mirar como tantas veces por el balcón los edificios que me acompañan desde hace poco más de veinte años, desayuné con mi compañera y más tarde me fui al taller a pintar. Los resultados no fueron del todo buenos, pero al menos pude abstraerme un poco del trabajo habitual y pasar a un trabajo que todavía no tiene un rumbo preciso, mucho menos una  maestría mínimamente consolidada, pero que al menos me lleva a ciertos lugares felices -a veces- y me promete un espacio de libertad, e incluso de mayores goces. Cuando salí de ese taller, que por desgracia es oscuro, la fuerza del sol y el calor me impactaron de lleno. Las calles iluminadas me mostraron gente feliz de estar al sol, pero fue solo un instante, como me ocurre tantas veces en que tengo una chispa que ilumina mi tiempo. Después, almorcé con mi compañera e hijo y después dormí un poco la siesta. El incordio fue que me puse el despertador para poder viajar hasta afuera de la ciudad y llegar así al pileta de mi club antes del cierre, cosa que por suerte logré y por eso pude nadar con total deleite solo en esa pileta inmensa y fabuloso rodeado de árboles, pájaros y atento al sol perdiéndose en el horizonte. Después, en unas escalera que están frente a la pileta observé como se terminaba de ir la luz. Otro día llegaba su fin. Como tantas veces, no pude dejar de sentirme triste por el paso el tiempo. 

sábado, 29 de marzo de 2025

Los buitres

 

Era cierto, el pensador tenía razón. Los enemigos, muchas veces, terminan siendo los mejores maestros. No porque sean virtuosos, ni mucho menos, sino porque están ahí, de algún modo, puestos para revelarnos lo que nos cuesta asumir. Lo que no queremos ver. Claro que la idea de justicia es la primera puerta que se nos cierra frente a ellos, y entonces todo se nubla.

Con todo, mejor decirlo sin vueltas: los enemigos existen, y son de lo peor. Pero es cierto que en su podredumbre edifican como nadie. Nos dan lo que jamás imaginaron. Son como buitres en lo alto, y cada tanto bajan para mostrarnos dónde está el animal muerto.

viernes, 28 de marzo de 2025

Ritmo universal

 

Vuelta a la rutina después de unos días cerca del mar. Por eso extraño todo lo referente a los sonidos del bosque y en especial al mar. El último día en la playa fue de una calidad lumínica fantástica muy propia del fin del verano. El mar estaba bravo y había un aire fresco, vigoroso. También los días fueron un tanto movidos en el terreno emocional; supongo que por mi cumpleaños y pronto el de mi compañera. El mundo gira y yo lucho con las consecuencias. Aunque está claro que más bien las debería aprovechar. ¿Cuándo entonces voy a ser capaz de disfrutar del constante cambio? Tal vez sea de las mejores cosas que se pueden aprender: abrazar el movimiento, e ir con él, calmo, atento a sus ritmos, a sus altas y bajas, y a sus vuelos y por supuesto a sus arrastradas. Sin duda, hay un ritmo en el universo. Apareció el espacio-tiempo y desde entonces esa misma potencia creadora emana un ritmo, energías que como tales despliegan cambios, y en ellos vamos nosotros; hasta que quedamos al margen. ¿Sucederá alguna vez lo mismo con el espacio-tiempo? Lo bueno en el plano del pensamiento es que todo puede pasar...


 

jueves, 27 de marzo de 2025

Día fresco de sol

Día fresco de sol y de trabajo arduo en la oficina. No demasiadas horas, pero sí las suficientes para mi voluntad y deseo. No obstante, pude pintar sobre el fin de la tarde en una galería donde extraño el sol, pero que al menos me acerca a otra gente que está en los locales contiguos. Son buena compañía y logran imprimirle al espacio un ánimo grupal. Una manada que necesito. En mi oficina, siempre miro el edificio de los tribunales que tengo enfrente. Recio, estoico. Lo veo vivir su existencia de poca vida, de infelicidad diría, pero con todo de una de las molduras de sus ventanas centenarias se ve una rama con pocas hojas que pertenece a un arbusto que imagino ha llevado un pájaro a través de una semilla. Lo veo día tras día y a veces también, en la ventana de más abajo, diviso a las personas que trabajan en ese edificio e imagino sus pequeñas rutinas, en cierta forma conocidas. ¿Qué sabrán ellos de ese arbusto? Supongo que nada y tal vez yo sepa muy poco. Apenas lo veo y al menos cuando lo hago pienso en su existencia. 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Un cielo estrellado

 

Una noche azul con una luna blanca,

el campo y un montón de autos 

y camiones en la ruta a la espera 

de que, ante una emergencia, 

los hombres encargados de liberarla 

terminen su trabajo. Bajo del auto, tengo 

la ventanilla baja. Prendo la radio y enseguida 

escucho unas bocinas: festejan un gol 

de la selección nacional. 

Más allá, me pregunto qué tipo de tragedia 

ha sufrido uno o varios que provocó

el detenimiento de la autopista.

Más autos se suman a la espera.

Miro: a mi espalda la fila parece interminable.

Me corro hacia el pasto, arriba están las estrellas.

La noche es fresca, perfecta. El campo lo es también.

El problema está más adelante. 

Apenas a media cuadra, calculo. Entonces,

me pregunto si no es mejor pegar la vuelta

aprovechando un retorno que observo

a mi izquierda. Pero de pronto el tráfico avanza,

sigo unos metros y veo un auto calcinado 

y unos bomberos trabajando y nada más.  

Ningún rastro de un ser humano afectado. 

Quién sabe que pudo pasar entre el partido 

que tiene a tantos pendientes, ese auto, 

los que estaban en él, y arriba, en las estrellas. 

Son tantas que cubren el cielo y lo vuelven

infinito, lejano, misterioso,  y bello. 

Es muy bello, me repito,

y la visión del auto quemado me acompaña.

martes, 25 de marzo de 2025

La ventana

Día de viento y sol cerca del mar. Una vez más camino hacia la playa. A priori, no recuerdo bien qué hice el día de ayer. Tengo que hacer cierto esfuerzo para llegar a los detalles más importantes. Incluso noto a veces que cuando quiero rememorar lo importante apenas vuelven atisbos, e incluso atisbos son los que tengo cuando consigo contactarme con esa dimensión en donde reina la paz y se percibe otra especie de tiempo. Un ritmo que te habla de cierto espacio infinito que sin embargo no sería eterno.



Joven madre

 Salí con el tiempo justo de mi oficina porque, como tantas veces, permanezco hasta el último minuto trabajando en pos de una productividad ...