Amanece y la bruma es una manta
que se vuelve a desplegar sobre el río.
Así se acerca para tocar una ciudad dormida.
No hay nadie en el parque;
los pájaros, muy de tanto en tanto, cantan.
Escribir poemas, quiero creer,
es un acto que en alguna parte
puede tener algún amor
ligado a la belleza.
Ahora el silencio es casi completo
se palpa una presencia muy deseada
que sube hacia los barrios más preciosos
donde los indígenas todavía duermen.
Archivo del blog
jueves, 9 de julio de 2015
miércoles, 8 de julio de 2015
Chicas más allá del occidente
Se veían en las vertientes
en donde los ríos sonaban
para darle paso a los que entienden
que el paso del tiempo se merece
un juego y después otro y otro.
Y se juntaban con las chicas que ofrecen
su cuerpo a cambio de sexo
y chicas que ofrecen su cuerpo a cambio de dinero,
y chicas y chicos a la deriva.
Uno entre todos
La posibilidad de decir las cosas
con algún grado de precisión
en la sumatoria de los roles
que nos toca actuar
a la par que dejamos
de lado la originalidad
para ser de ese modo
un poco más.
con algún grado de precisión
en la sumatoria de los roles
que nos toca actuar
a la par que dejamos
de lado la originalidad
para ser de ese modo
un poco más.
martes, 7 de julio de 2015
Los pajaritos solían cantar
Los diarios a la mañana
y esa precisión casi matemática
para leerlos en tu silla del patio
donde los pajaritos solían cantar
la desolación de las tardes invernales
cuando la multiplicidad de los días se inventaba
un espacio entre el campo que administrabas
y los delirios de ser escritor.
Ellos jugaban a facilitar un sueño
a la posteridad de tortugas avanzando
por una caminito de piedras
en medio de un jardín lleno de orquídeas
y plantas exuberantes
que estaban en los consultorios
de los médicos a los que después ibas
para constatar que todo lo que tenías
estaba en tu mente y que tu mente no estaba
bien ni mal, sino demasiado alerta.
y esa precisión casi matemática
para leerlos en tu silla del patio
donde los pajaritos solían cantar
la desolación de las tardes invernales
cuando la multiplicidad de los días se inventaba
un espacio entre el campo que administrabas
y los delirios de ser escritor.
Ellos jugaban a facilitar un sueño
a la posteridad de tortugas avanzando
por una caminito de piedras
en medio de un jardín lleno de orquídeas
y plantas exuberantes
que estaban en los consultorios
de los médicos a los que después ibas
para constatar que todo lo que tenías
estaba en tu mente y que tu mente no estaba
bien ni mal, sino demasiado alerta.
lunes, 6 de julio de 2015
La autoridad de uno
La autoridad propia
como motor de un poder que arrastra
distintas clases de insectos.
Pululan por nuestra querida selva
y se anima a tocarnos los pies.
Son los resabios de un cultura
que está, en esencia, en la mesa de tomar
el té que usan las viejas de alcurnia
un tanto barata en la periferia
de la plaza que tan bien conocemos.
Es tan hermoso pensar en los amplios
departamentos venidos a menos.
No hay palos en estas ruedas
como no hay una estética que se precie
en nuestro puerto.
Es todo muy distinto a oriente
o incluso al norte
toda una serie de lugares
en donde la afectación es otra.
como motor de un poder que arrastra
distintas clases de insectos.
Pululan por nuestra querida selva
y se anima a tocarnos los pies.
Son los resabios de un cultura
que está, en esencia, en la mesa de tomar
el té que usan las viejas de alcurnia
un tanto barata en la periferia
de la plaza que tan bien conocemos.
Es tan hermoso pensar en los amplios
departamentos venidos a menos.
No hay palos en estas ruedas
como no hay una estética que se precie
en nuestro puerto.
Es todo muy distinto a oriente
o incluso al norte
toda una serie de lugares
en donde la afectación es otra.
Con suerte uno descubre
Uno con suerte descubre
que estaba equivocado
y que las ideas que sostenían
toda una postura
se merecen algún tipo de olvido.
Las canciones que arrastran su materia
se vuelven libidinosas tocadas en los muelles
donde recalan los barcos más grandes y viejos.
Hay siempre símbolos interesantes: el gallo
que va sobre una bandeja de plata exultante
la pasión de Cristo representada en un garage
lleno de objetos que ya no se usan, y así.
La bondad que tienen los cuadros
es que representan lo mismo siempre
y así crean una falsa imagen de permanencia
que muy bien puede estar en cualquier ambiente feliz.
Las imágenes están superpuestas ahora.
que estaba equivocado
y que las ideas que sostenían
toda una postura
se merecen algún tipo de olvido.
Las canciones que arrastran su materia
se vuelven libidinosas tocadas en los muelles
donde recalan los barcos más grandes y viejos.
Hay siempre símbolos interesantes: el gallo
que va sobre una bandeja de plata exultante
la pasión de Cristo representada en un garage
lleno de objetos que ya no se usan, y así.
La bondad que tienen los cuadros
es que representan lo mismo siempre
y así crean una falsa imagen de permanencia
que muy bien puede estar en cualquier ambiente feliz.
Las imágenes están superpuestas ahora.
domingo, 5 de julio de 2015
Mi tía Eleonora
Las proteínas, la jovialidad
y las chicas que se aprestan
a conocer el campo sideral
donde la muestra de éxtasis
la encabezan los pájaros.
En su sitio el puerto, al final de
donde van los camiones con sus granos
y las cabezas de ganado
que los pobres azorados
miran con cierta pleitesía
como también adoran a las figuras
encaramadas en ciertos espectáculos
que al fin y al cabo
son bastante rupestres.
Las chicas y los chicos
están en sus escuelas
y los mayores trabajan bajo el sol
ocultado a veces por nubes
que recubren el paisaje con la intención
de volverlo, tal vez, un poco más opaco.
¿O el efecto será el contrario?
Podría ser más brilloso
sobre una bandeja de plata
que tenía mi tía Eleonora
la fantástica mujer que nunca conoció
el mal tiempo porque no hablaba
más que de cosas dignas de ser leídas.
Las plazas tienen sus historias
como la mayoría de las cosas.
Los viajes están para ser recordados
de una forma u otra
y las chinchillas son animales simpáticos.
Todas esas cosas, recuerdo, decía.
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