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viernes, 8 de marzo de 2024

Quieto y a la espera

 

Querías permanecer 

quieto y a la espera 

bajo el techo de la galería.

 

E incluso después ir por el campo 

hasta escuchar el canto de un zorzal.

 

 

jueves, 7 de marzo de 2024

Los mismos caballos junto a espinillos

 

El sol ocultándose 

y los mismos caballos 

junto a espinillos 

como oradores mudos 

al costado del camino.

 

A la ida y a la vuelta, 

la obsesión por el silencio.

 

Intentaste no pensar,

pero te resultó imposible.

Cerca de tu casa imaginaste 

cómo disfrutar más de tus hijos. 

 

Se puede disfrutar más de los hijos 

de lo que ellos disfrutan de nosotros, 

pensaste. Pero no estabas seguro.

Tus impresiones tienden a cambiar, 

y los pájaros sobre las murallas a seguir.

 

 

 

 

martes, 5 de marzo de 2024

Rodeado de salvias

 

 

Una noche, con la esperanza 

de que lo imposible pueda ser tocado, 

soñaste con dos búhos juntitos 

en una rama del cedro azul.

 

El mismo que había 

en esa ciudad lejana 

donde sentiste que ya no deberías 

crear algo reluciente. 

 

Otra vez, así, dijiste,

vivirías tranquilamente 

rodeado de salvias.

 

 

 

lunes, 4 de marzo de 2024

Una vez en una iglesia

 

Por la ruta, cuando pasaban 

camiones como caballeros 

obligados por sus cruzadas,

alcanzabas a leer de qué empresa 

eran. Entonces, por una asociación extraña,

una angustia imprecisa y antigua,

regresaba.

 

Y te decías que solo podrías mejorar 

cuando encontrases de nuevo 

una paz que habías avizorado 

una vez en una iglesia 

(pero ya no recordabas en cuál).

 

 

domingo, 3 de marzo de 2024

Sentías las gotas

 

Al fin llovía, los demás ruidos 

se aplacaban y todo lo vivido 

tenía un sentido. 

 

Incluso podrías olvidarte 

de las inquietantes

manchas de petróleo

que de chico habías visto 

en la planta de tus pies

un verano.

 

Podrías dejar atrás 

ese recuerdo y muchos más. 

 

Llovía y sentías las gotas, 

miles, en el techo.

viernes, 1 de marzo de 2024

Todavía más grande

Amaenece nublado y con viento.

Corre el aire después de días agobiantes. 

Tu vuelta al taller la piedra 

hizo que los dioses, 

en lugares apartados del infinito, 

gracias a su inmensa capacidad de conectar 

con todos y cada uno, 

te respondiesen con un viento tibio 

entrando por la ventana de tu balcón. 


Más allá, viste el río inmenso.

Y pensaste que iba hacia el mar 

para ser todavía más grande.


Un manto de nubes

Un día de viento un manto de nubes 

ve pasar a una bandada de pájaros.


Pasan sobre una hilera de pinos 

reflejada en un canal que baja 

por una pendiente de pasto 

hasta el mar. 


Ahí más o menos 

está el paisaje de tu vida. 


Las historias serán entonces

las imaginables. Está todo dicho, 

cualquiera diría, en el paisaje.

La primera estrella

 Acabo de ver un documental sobre el grupo inglés Pulp. Termina con una frase de su cantante al final del concierto que atraviesa todo el fi...