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domingo, 7 de septiembre de 2025

UN TEMPLO

Tal vez esta alergia, y la consecuente tristeza, tengan que ver con la aproximación a mi padre y a mi madre a través de este diario, y sobre todo con la profunda desunión que hay entre ellos, —incluso hoy en día en los hechos y también en mi interior: mi madre, la artista; mi padre, el abogado—. Pero estoy cansado de adentrarme en las interpretaciones posibles de mi vida, y sobre todo de vivir atento a los riesgos más o menos inminentes que acechan mi paz —que solo alcanzo por instantes—. 

Por siempre mi cuerpo ha sido un receptáculo de molestias y dolores provocados por su sensibilidad, supongo, o por los otros miles de seres que vienen a alterar mi cuerpo con sus ruidos o sus gritos. O bien con sus codicias y sus mentiras. De todos ellos debo cuidarme, y aun así hay algo más perturbador que todos esos peligros y está en mi cabeza, dispuesta a infundirme algún tipo de tormento, novedoso o antiguo, que me exige estar alerta para conjurar una catástrofe que persiste como una posibilidad.

Debo abandonar esta fijación de una paz simulada. No debo desearla más. Buscar otra cosa distinta a la perfección. Me lo ha demostrado mil veces, ella no va a acudir a mi llamado. Debe ser un verdadero cariño el que me auxilie, genuino y sentido. Nada religioso, ni ideado por los sistemas de poder establecidos para otros fines. Debo ser capaz de fundar mi propia pirámide. Mi propio templo y yo debo ser la luz de su interior.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Exilio

¿Ese es el precio por sostener mis principios? ¿O debo soltar la rabia, salir de los límites trazados y ganar potencia? Sé lo que ocurre con quienes abrazan su deseo fuera de las prohibiciones, por eso vacilo y busco refugio en el arte. Pero el arte solo recompensa a quienes piden poco y dan mucho.

viernes, 5 de septiembre de 2025

Rabia

Hoy encontré un cuaderno con una anotación. No sé bien de qué época, tal vez de hace cinco años. Dice: "Lo peor es que el enemigo está en todos lados. Se multiplica de una manera absurda y continua sin ningún respiro por las calles. Lo encuentro en moto, toca la bocina, grita en las esquinas, tiene perros que ladran sin parar y él no les dice nada. O bien los pone en los balcones para que continúen con esos ladridos que piden algo que él no piensa otorgar. Otras veces, usa modos arteros o bruscos. O dice una cosa y hace la otra. Así logra irse fuera de mis márgenes obligándome a adaptarme a los suyos. Pero eso es algo que no quiero hacer por ningún motivo. Mi rigidez, que es mi ética, me lo impide. ¿Qué tanto yo me mantengo por ese camino escrupuloso? Bastante. Y todo ese respeto a mi ética tal vez no me trae grandes dividendos"

jueves, 4 de septiembre de 2025

Ojalá

Ojalá algún día pueda darle a la vida el sentido que encuentro en la teoría. Uno sabe lo que debe hacer: lo dicen el Evangelio, los estoicos, Buda, Mahoma. El problema es la práctica. Mil veces me lo he dicho: debo valorar lo que tengo, que es abundante. Sin embargo, siempre encuentro los motivos para no estar en paz. Tal vez porque mi ambición supera la realidad y un deseo más grande me arrastra, me coloca en la fila interminable de lo que sigue. Algunos deseos los alcanzo; otros no. Y aun los que alcanzo solo me traen un sosiego breve, mientras el tiempo corre y los deseos se amontonan. Viajar, conocer el mundo, por ejemplo. No sé de dónde viene ese impulso —si lo impone la familia, la sociedad, o si surge de un rincón verdadero. Lo cierto es que la ambición más grande, como un buitre enorme arriba, siempre se impone.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Los expedientes

Me encantaría encontrar respuestas: ¿por qué estoy en esa oficina de un cuarto piso frente al palacio de Tribunales desde hace más de treinta años? ¿Por qué miro cada día también ese mismo piso del palacio donde funciona la Corte Suprema de Justicia? Cuando me acerqué a este mundo, a mis dieciocho años, recién salido del colegio y ya trabajando en la Procuración General de la Nación, iba a ese cuarto piso a realizar gestiones para mi entonces jefe. Tomaba el ascensor reservado a los funcionarios de la Corte, el de la izquierda en el gran hall de entrada —porque el de la derecha era solo para los Ministros— y subía directo, sin puertas intermedias, hasta desembocar en ese espacio que representaba para mí una corte más bien inquisitiva, donde se tejían destinos. Todo eso me atraía con una fuerza que supongo es el origen de mis treinta años en la oficina de enfrente donde tengo esculturas y cuadros que pretenden equilibrar los miles de expedientes que me acarrean una responsabilidad enorme que siento necesaria por motivos que todavía no descubro. ¿Por qué sigo junto a los tediosos grises, atrapados en estructuras vetustas y claustrofóbicas de ese palacio?

martes, 2 de septiembre de 2025

Los presocráticos

Quiero escribir mi vida como los presocráticos, con ese nivel de asombro, de pureza por los elementos de la naturaleza, por el cielo, los pájaros. De ese modo espero sumar mucha alegría a mi vida mientras camino por el campo. Ese placer que sentí de niño al descubrir el agua, el hecho de tener de algún modo un cuerpo y saber que había pensamientos en mi cabeza que se unían de un modo extraño con los animales. Incluso con los que podía tener de plástico flotando en el agua caliente de mi bañedera. Recuerdo bien ese baño de mi casa de niño y adolescente. Creo que ahí tenía un santuario. Debo recuperar eso. Debo recuperar el placer del agua caliente en mi cuerpo hasta que se arruguen las yemas de mis dedos. Eso es el placer por sobre todas las cosas. El cuerpo feliz, calmo, en el calor supremo del agua y los animales alrededor pidiéndome jugar desde distintas tramas que se podían conjugar sin que uno lo pensara. Sin actuaciones de ningún tipo. Solo había un hilo que había que tirar y la escenas se sucedían como en un parque de atracciones personal.


lunes, 1 de septiembre de 2025

En la penumbra

Debo dejar las supersticiones de lado y juntar fuerzas para contar esto: iba con mi hijo por la rambla que tiene este lugar. Era de noche, estaba fresco, había viento. Caminábamos de forma animada hablando de cosas sin importancia. Asuntos vinculados al mundo del futbol. A nuestro equipo. Cuestiones que interesan mucho a mi hijo y que de algún modo se han colado en mis intereses. A nuestra izquierda estaba el mar, y a la derecha unos restaurantes. De pronto, había una pérgola y bajo la pérgola pude entrever un hombre joven, de origen afro, que fumaba, solo y me pareció que impávido, un cigarro de marihuana. Pasé junto a él sin mirarlo demasiado para no incomodarlo. Seguimos camino y con mi hijo unos cuantos minutos después nos detuvimos frente a banco que mira el mar y también estuvimos un buen rato sentados contemplando el agua oscura, unos pocos barcos de pescadores fondeados, las luces de una ciudad a lo lejos que mi hijo se encargó de buscar en su teléfono y cuyo nombre no terminó de decirme, conversamos un poco más y emprendimos nuestro regreso. Recién entonces, de vuelta bajo la oscuridad de la pérgola pude divisar mejor: había una silla de ruedas y este hombre joven de origen afro, que era muy alto, estaba esforzándose por volver a ese lugar. Lo supe ni bien vi sus primeros gestos y la magnitud del esfuerzo que tenía por delante, en esas calles con piedras desparejas y veredas poco amigables a su silla de ruedas, toda su realidad se me representó de una forma tremenda y muy bien imaginada: su vida, su limitación permanente, supuse, un momento trágico, un hecho desconocido por mí y muy conocido por él, todo estaba inmediatamente después de ese cigarro de marihuana que él fumaba en la penumbra, según me pareció entonces, de forma impávida.  

Amanece

 Amanece. Todo un mundo se abre más allá de la ventana que mira a la calle que baja. La primavera está cerca. Un zorzal ha trinado cuando to...