Los sistemas se nutren de lógicas
que responden a intereses ocultos
con una fuerza superior a los
excelentes y floridos manifiestos.
Ese latir en lo profundo termina
por torcer el rumbo de cada sistema
y lo ubica en el deseo más individual,
o más sectorial si se quiere.
Por eso el interés general
es un bien inalcanzable que no cuadra
con el interés más real: el individual
y en el mundo, perfeccionada la producción,
prima el capitalismo, la gente persigue
el éxito, vive y muere, y a veces descansa.