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lunes, 10 de agosto de 2020

Biografía

Un montón de cosas desperdigadas
en el jardín y por la casa.

La posibilidad de levantarse
cerca del amanecer en busca de la luz,
eso siempre parece pesar.

Vas detrás de algo muy deseado, de algo útil,
de lo necesario para seguir en esta
tierra tan grande y tan llena de mares.

Así más o menos ha sido tu vida.
Y así también son tus planes.

De ahora en más conviene entender las cosas.
En los embotellamientos de las autopistas, en las largas colas
de los grandes supermercados, y en lugares incluso peores,
siempre conviene saber cómo son.

Porque, según dicen, una vez que se sabe cómo son,
hay una forma de entender las tonalidades,
de distinguir las inflexiones en el canto de los pájaros,
los movimientos del día y cosas todavía 
más sutiles.

Y esa forma prodigiosa tendría que ver
con lo que hablamos tantas veces.

domingo, 9 de agosto de 2020

Por la mañana

Se levanta a la mañana
con la misma sensación tan conocida,
un malestar indefinido
que anida en él de chico y no sabe bien
a qué responde y mucho menos cómo
se puede solucionar y, por otro lado,
ahí están los pájaros saltando por lo más verde del pasto
involucrados en un mundo que se acomoda
a sus propias posibilidades.
Ellos, sin saberlo, le ofrecen que haga lo mismo.


viernes, 7 de agosto de 2020

Castillos de arena

Hoy volví en bici con mi hijo al campo.
Fue lindo, cuando caía la noche,
escucharlo preguntarme si no quería caminar.
Con las bicis a un costado, caminamos
hasta que la oscuridad fue total.

Luego subimos a las bicis, pedaleamos
y le pregunté por qué no leía libros.

Me dijo que como estaba era feliz,
que nadie de su edad leía un libro.
Solo un amigo al que llama William
leyó el principito pero a los ocho años.

Pensé entonces en los cambios, en las cosas
que construimos para que con el tiempo
se caigan y otras en su lugar se alcen.

Vi entonces los castillos de arena
que hacíamos 
mientras las olas avanzaban en la orilla.

jueves, 6 de agosto de 2020

Día

Noche ahora. Noche de calor y luna llena.
Noche de silencio también -agradezco eso-.
Una de la mañana y cinco minutos. 
Solo teros, cora rara, a lo lejos. 
No solían sentirse teros durante la noche, 
sí a los perros. Ahora eso ha cambiado.
También cambió el hecho de que esos pájaros negros
tan amigos míos
no vienen más en grupos de hasta cincuenta
a cantar al gran álamo carolino en el fondo.

Y sin embargo las cosas que cargo
por supuesto siguen como para justificar
que algún día no estar más acá 
también será un descanso.

Ayer compré una silla. La elegí porque desde
el momento que me senté en el negocio fui feliz.
Sobre el final me dieron una igual porque la que 
yo me senté era, me dijeron, de exhibición. Hoy volví al negocio
y me llevé la de exhibición. Soy ahora de nuevo un hombre
feliz, sentado, mientras les escribo a ustedes amigos.

lunes, 3 de agosto de 2020

Noche de paz

Noche roja y también noche negra,
feliz en la tempestad que venera.

El mar está igual.

Ese mar se daba el lujo de dormir para nosotros.
Debemos volver. Quiero estar en paz conmigo  
y después con vos.

Estabas al costado de la ruta.
La estación de servicio la veo intacta.
Los eucaliptos de siempre. 
Me gustan esos árboles,
lo digo siempre.

Quiero decir lo que sea preciso.
Quiero ver las manos de los 
que se mueven, esos a la espera.

No es necesario decir nada ahora.
No es necesario pensar en los peces.

Lo que hacen lo sabemos: 
nadan, nos miran detrás del vidrio
pareciera que se van a detener 
y siguen.


Noche quieta

Cinco y treinta de la mañana. Noche de calor en pleno invierno. Veo pasar autos de tanto en tanto por una calle que va hasta un parque industrial. El barrio, sus jardines, los árboles, todo está quieto y en silencio. Hay luna llena. Ayer jugué un poco el futbol con mi hijo y un amigo de la infancia y su hijo. Pienso en los años que han pasado y en cómo siento un cambio en tantos aspectos (en especial estos últimos dos o tres años).
Pienso también en cómo he progresado hacia lo que se puede definir como una mejor consciencia de mis limitaciones y de las limitaciones, sobre todo discursivas, del mundo entero. Pienso en una novela que escribía noches así, cuando me levantaba acelerado en el medio de la noche, y pienso en cómo pensaba tantas cosas esos días, acerca de montones de asuntos, que ahora no pienso.

Asuntos y cosas cambian en la cabeza de uno e incluso en el cuerpo. Tal vez la pretensión del arte, entre otras puntos -porque es de lo más pretencioso el arte-, es registrar esos asuntos y esas cosas para darles un sentido, si se puede decir, un poco más armado, algo que oculte en lo posible el hecho de que, en un plano más profundo, esos asuntos y esas cosas no tienen mucha consistencia emocional más allá de nosotros mismos. Estrellas, planetas, galaxias enteras, nacen y mueren con total indolencia.

Un pájaro canta. Fue apenas un trino. Se ha callado. Ese pájaro, se puede decir, es bastante adelantado -falta más de una hora para que amanezca-. Ahora todo volvió a estar silencioso y quieto. Ningún otro pájaro lo imitó y él, por lo visto, se replegó.

Supongo que si persiste este calor en la próximas noches se van a escuchar algunos grillos.

domingo, 2 de agosto de 2020

Vuelta al campo

Hoy volví al campo con mis hijos en bici.
Día frío con el sol ocultándose entre los eucaliptos.
A los costados, los mismos animales, la misma basura
esporádica, los mismos árboles sin hojas,
esos espinillos, esos cuerpos
que adoptan la forma de jóvenes oradores.
A la ida y a la vuelta la misma obsesión
por escuchar el silencio
y no pensar en nada.

A la ida y a la vuelta, también la intención firme y cariñosa
de disfrutar de mis hijos.
Se puede disfrutar más de los hijos
de lo que ellos disfrutan de nosotros,
pero no estoy seguro de eso
como no estoy muy seguro
de la mayoría de las cosas
más o menos categóricas que se me ocurren.

La primera estrella

 Acabo de ver un documental sobre el grupo inglés Pulp. Termina con una frase de su cantante al final del concierto que atraviesa todo el fi...