sábado, 22 de noviembre de 2014

Las cosas que crecen para bien y las cosas que crecen para mal

Se encienden los faroles de la antigua
china. Las palabras son hermosas
cuando están bien dichas.
Pero casi nunca están bien dichas,
pensás. Los pájaros pasan arriba, ya casi anochece
y los búhos salen de sus cuevas para posarse
en los árboles. Es su turno, otra cosa que pensás,
cada vez más cansado de la imposibilidad
de estructurar un dibujo que valga un montón de cosas.

Por empezar el dinero, pensás, esa energía que te carga
de un prestigio cercano a las fuentes romanas más espléndidas.
Te acordás entonces de Bernini, y de algunos otros grandes
genios que trabajaban vaya a saber uno cómo.

La alfalfa a tus pies está cada vez más hermosa.
También los hormigueros. Están cada vez
más grandes. Y la grandiosidad los hermosea,
pasa lo contrario que con los tumores, pensás.
Así son las cosas, hay cosas
que crecen para bien y otras que crecen para mal.
Y así con todo.
Publicar un comentario