Esos límites siempre cambiantes
que encuentra la mente
para volar dentro de una cigueña
que no para de cruzar los mares
en un intento desesperado
por destrabar los nudos
que armó en los primeros días
y que ahora están más atados
que nunca.
¿Es falso lo que uno se dice
en esos casos? Las metáforas
son a veces la mejor manera
de responder ese tipo de preguntas
pero no alcanzan, no alcanzan
las imágenes, ni los recuerdos,
no alcanza nada para deslizarse
con certeza en ese tobogán que
es el canto de un pájaro cuando
todavía es noche cerrada.
¿Qué pretende ese pájaro
que no sea un punto de esperanza,
un amanecer?
Cuando lo permitido está muy, muy
ajeno a uno, las cosas improbables
se vuelven más cercanas
y te buscan con falsos nombres
y te encuentran.
Te pasa con los papeles de teatro
que te asignan los profesores
que están en el cielo.
Te pasa con esos trigales en llamas
que viste de chico
y quedaron impresos en el estómago
y ahora quieren salir por la boca,
Son raras esas vivencias
que establece el propio cuerpo con uno.
Son avisos constantes: uno podría
llevarse mejor con lo que tiene guardado.
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miércoles, 26 de noviembre de 2014
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